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¿Qué sucede en el cerebro de una persona que vive con un TCA?

El 22 de julio es el Día Mundial del Cerebro, por lo que este mes hablaremos sobre su naturaleza y su relación con los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Así, el presente texto busca dar a conocer nuevos descubrimientos alrededor de los TCA y eliminar el mito de que son impulsados únicamente por la cultura y el medio ambiente.

La incomprensión de las enfermedades mentales no es reciente y en particular, para este tipo de trastornos, abunda información errónea. Si bien el entorno influye de manera significativa en su desarrollo, cada vez hay más pruebas de que los trastornos de la conducta alimentaria comienzan en el cerebro.

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Primero entendamos qué es el cerebro. Este se define como un órgano complejo que gestiona la actividad del sistema nervioso y sus funciones vitales, como respirar, regular el pulso cardíaco, el sueño, el hambre y la sed, el razonamiento, la memoria, la atención e incluso las emociones y la conducta, entre otras cosas.

Ahora bien, ¿Qué sucede en el cerebro de una persona que vive con un TCA? Para responder esta pregunta, nos centraremos en la anorexia y la bulimia, que son los trastornos que han sido mayormente estudiados por los especialistas. Si bien ambos tienen características distintas, también comparten algunos fundamentos biológicos. Así, los dos son altamente heredables, por lo que no es nada inusual que mientras un miembro de la familia puede desarrollar anorexia, otro padezca bulimia; lo que apunta a una vulnerabilidad neurológica en común.

En un estudio se escanearon los cerebros de mujeres sanas y mujeres con anorexia mientras realizaban un juego de apuestas monetarias. En mujeres con anorexia, los circuitos cerebrales involucrados en el procesamiento de recompensas estaban menos activos cuando ganaban, pero más activos cuando perdían. La explicación a esto es que una pieza importante del sistema de recompensa alterado es la dopamina (hormona del placer), por lo tanto, está altamente ligada con comer, en especial alimentos que nos resulten agradables.

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La actividad de la dopamina se altera en los trastornos de la conducta alimentaria, pero de manera opuesta. Para la mayoría de las personas, comer es una actividad placentera, sin embargo, las personas con anorexia a menudo se sienten preocupadas al comer y parece haber una razón biológica para esa reacción. Se descubrió que, en este caso, la liberación de dopamina desencadena ansiedad en lugar de placer.

Otro hallazgo interesante en el sistema de recompensa es que se han identificado varias regiones del cerebro que son posibles perpetradores, siendo uno de ellos la corteza orbito frontal, involucrada en señalarnos cuándo hay que parar de comer. Se ha encontrado que personas que padecen un TCA tienen diferencias estructurales y funcionales en esta área.

Asimismo, estar severamente desnutrido puede causar cambios en el cerebro, muchos de los cuales vuelven a la normalidad después de que una persona es realimentada, aunque puede ser difícil saber si ciertas diferencias cerebrales son consecuencia de algún trastorno. Lo más probable es que algunas características preexistentes del cerebro pongan a una persona en riesgo de desarrollar esta enfermedad, mientras que otros cambios se desarrollan en respuesta a los hábitos alimentarios y el entorno de la persona.

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Se ha demostrado que la desnutrición facilita el proceso de transformación de una conducta normal en una conducta adictiva. En un estudio se encontró que ratas en condiciones de restricción alimentaria a las que se les dio libre acceso a correr en una rueda giratoria dejan de comer, hasta llegar incluso a morir al no poder frenar su actividad. Esto demuestra que efectivamente la desnutrición facilita las conductas adictivas.

En la actualidad, en el campo de los TCA se han producido cambios notables y nuevos conocimientos sobre ellos. Sin embargo, aún falta mucho por hacer y aprender para concientizar a la población sobre este problema de salud y romper con el mito de que son causados únicamente por la cultura y el medio ambiente.  Mientras tanto, usemos estos conocimientos para motivar y educar a los pacientes y sus familias, ya que esto es sólo el comienzo hacia la recuperación.

 

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P.L.N Nathalia López Buerón