Desde que supe que estaba embarazada, mi cuerpo ha cambiado todos los días. A veces, es hermoso. A veces, incómodo. Y muchas veces, confuso.
Como nutrióloga especializada en trastornos de la conducta alimentaria (TCA), estoy acostumbrada a hablar de imagen corporal. Pero vivirlo desde la experiencia de ser mamá lo ha hecho aún más real. En APTA, queremos abrir esta conversación: sobre cómo la maternidad y la presión estética se cruzan, y por qué cuidar la salud mental y nutricional durante el embarazo es urgente.
La imagen corporal en el embarazo: cuando el cuerpo deja de “pertenecerte”
El embarazo es uno de los momentos más transformadores de la vida… y también uno de los más vigilados. Todos opinan: que si subiste mucho, que si te ves «chiquita», que si se te nota la panza o no.
Según un metaanálisis publicado en Body Image (2020), hasta el 78% de las mujeres embarazadas reportan preocupaciones por su imagen corporal, y este malestar puede aumentar el riesgo de desarrollar o recaer en un TCA (Claydon et al., 2020). El problema no es el cuerpo que cambia, sino cómo nos enseñaron a verlo: como algo que debe mantenerse delgado, tonificado y “bajo control”.
TCA y embarazo: una combinación silenciosa pero peligrosa
Los trastornos alimentarios no desaparecen con una prueba positiva. Según la Academy for Eating Disorders y la National Eating Disorders Association (NEDA), muchas mujeres con antecedentes de TCA tienen recaídas durante el embarazo o desarrollan síntomas por primera vez (Micali et al., 2018).
La hiperfijación con “comer saludable”, el miedo a subir de peso o la compulsión por controlar el cuerpo pueden parecer normales porque están disfrazadas de disciplina. Pero no lo son. Son señales de alerta que debemos normalizar para poder identificar, tratar y acompañar.
Subir de peso es un no negociable: es salud, no descuido
Subir de peso durante el embarazo es fisiológicamente necesario. No es algo que “te puede pasar si no tienes cuidado”; es una parte esencial del desarrollo del bebé, del aumento del volumen sanguíneo, del crecimiento uterino y de los depósitos energéticos para la lactancia.
Según el Institute of Medicine (IOM), el rango de aumento de peso recomendado depende del IMC previo al embarazo, pero todos los rangos existen por una razón: reducir riesgos como parto prematuro, bajo peso al nacer o complicaciones metabólicas.
Entonces, ¿por qué lo tratamos como algo vergonzoso? ¿Por qué tantas mujeres se sienten fracasadas si suben lo que deben?
La presión postparto: “recuperar tu cuerpo” no es tu prioridad
Apenas nace tu bebé, aparece el siguiente mandato: recupera tu cuerpo YA. Como si parir un ser humano no fuera suficiente, ahora también debes “borrar” las señales de que alguna vez estuviste embarazada.
Esta narrativa, que se refuerza en redes sociales, no sólo es violenta, sino que atenta contra la salud física y mental de las madres. Estudios recientes muestran que las mujeres que experimentan mayor presión para volver a su peso pregestacional tienen más probabilidades de experimentar síntomas depresivos, ansiedad, e incluso restringen la lactancia por intentar controlar su figura (Stapleton et al., 2020).
Tu cuerpo no se “pierde” en el embarazo: se transforma para dar vida
Desde APTA queremos recordarte que tu cuerpo no está roto. No perdiste nada. No tienes que recuperar algo que no te fue arrebatado.
Tu cuerpo no es menos fuerte por ser más suave, ni menos valioso por tener estrías o una cicatriz. Subir de peso, cambiar de forma y descansar no son fracasos. Son señales de que estás creando, alimentando y protegiendo vida.
¿Qué podemos hacer?
- Informarnos con ciencia, no con influencers.
- Normalizar el peso y la comida como parte de la salud perinatal.
- Crear redes de apoyo que vean más allá del cuerpo.
- Dejar de aplaudir la “recuperación física” y empezar a celebrar la recuperación emocional.
Como profesional de salud y como futura mamá, me comprometo a seguir cuestionando esta cultura que nos roba la paz en un momento tan sagrado. Y como equipo en APTA, seguiremos formando, acompañando y visibilizando, porque no hay salud física sin salud mental.
Por: Nathalia López Buerón

