La nueva serie de Netflix, Adolescencia, estrenada el 13 de marzo de 2025, abre un debate crucial sobre los efectos de la violencia en la sociedad y cómo los entornos digitales pueden moldear las creencias y comportamientos de los jóvenes. Si bien la serie aborda temáticas como la misoginia y el impacto de las subculturas en línea, también nos invita a reflexionar sobre el papel de las redes sociales en la construcción de la identidad y en la aparición de trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
Redes sociales y la construcción de la autoimagen
En la serie, el protagonista, Jamie Miller, adopta una mentalidad influenciada por foros en línea y teorías como la del 80/20, que justifican la violencia y el resentimiento hacia ciertos grupos. Este fenómeno también se observa en el desarrollo de los TCA, donde plataformas digitales y comunidades online refuerzan creencias distorsionadas sobre la imagen corporal, la alimentación y el valor personal. Desde contenido «pro-ana» hasta la glorificación de la delgadez extrema, muchos jóvenes encuentran en estos espacios una validación de sus pensamientos disfuncionales, perpetuando conductas perjudiciales.
La responsabilidad de los padres en el consumo digital de sus hijos
La historia de Adolescencia nos recuerda que los padres juegan un papel fundamental en la supervisión del contenido que consumen sus hijos. Así como Jamie fue expuesto a ideas que moldearon su visión de la realidad, muchos adolescentes en la actualidad encuentran en las redes un refugio que refuerza sus inseguridades y puede llevarlos a desarrollar TCA. Es esencial que los padres y cuidadores fomenten un entorno donde se cuestione el contenido en línea, promoviendo un pensamiento crítico y un diálogo abierto sobre la imagen corporal y la autoestima.
Redes sociales y el auge de los TCA
Investigaciones recientes han demostrado que el uso excesivo de redes sociales está vinculado con un aumento en la insatisfacción corporal y la incidencia de TCA. El bombardeo constante de imágenes editadas, dietas extremas y discursos de «auto-mejora» crean una presión irreal en los jóvenes, empujándolos hacia comportamientos de restricción, atracones o ejercicio compulsivo. La serie nos obliga a cuestionarnos: ¿hasta qué punto estamos permitiendo que estas influencias definan la autoimagen de las nuevas generaciones?
Conclusión
Adolescencia es un recordatorio del impacto que los entornos digitales pueden tener en la vida de los jóvenes. Así como las subculturas misóginas pueden distorsionar la percepción de la realidad y llevar a actos de violencia, el contenido en redes sociales puede reforzar ideales poco saludables que favorecen la aparición y el mantenimiento de los TCA. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de educar a las nuevas generaciones sobre el consumo crítico de medios digitales y de promover un diálogo abierto sobre salud mental y autoimagen. La prevención empieza con la información y la comprensión del mundo digital en el que nuestros jóvenes están creciendo
L.N Nathalia López Buerón

